Se encarga de coordinar y supervisar las operaciones logísticas del día a día, asegurando que las mercancías lleguen a su destino de forma optimizado. Entre sus tareas principales está planificar y asignar rutas para los medios de transporte disponibles, tanto propios como externos, ajustándose a los volúmenes de trabajo y a los plazos de entrega. También debe analizar continuamente cómo optimizar el espacio en los vehículos y mejorar la organización de las rutas para reducir costes y tiempos de viaje. El puesto implica garantizar que se cumplan los estándares de calidad del servicio y las necesidades específicas de cada cliente, como el embalaje o las condiciones de transporte. Además, maneja las herramientas informáticas del sector para registrar de forma precisa y a tiempo la información sobre seguimientos, albaranes e incidencias. Actúa como un enlace entre el almacén, los transportistas y los clientes, resolviendo cualquier imprevisto que surja en la cadena de suministro. Este rol es clave para mantener todo en marcha en un entorno dinámico y exigente.